Definición:
Ovarios: Término políticamente correcto para “tontería”,
como en “Menuda carga de ovarios”1
Nota del traductor: En esta sentencia “what a load of ovaries!”
el autor realiza un juego de palabras alterando el dicho muy conocido
en habla inglesa “what a load of balls!”, al cambiar la
referencia a los genitales masculinos por una a los genitales femeninos.
El sentido de esto en inglés sería muy similar al que
obtendríamos en castellano si en las extendidas expresiones del
estilo “menudo par de huevos”, o “vaya par de pelotas”,
también referidas a los genitales masculinos en un sentido peyorativo,
incluyésemos el término “ovarios”, transformándolas
de esta manera en “menudo par de ovarios”, o “vaya
par de ovarios”. Planteado este supuesto tal como en este caso
hace el autor, las preguntas que nos surgen son inmediatas: ¿Por
qué las feministas no protestan de sexismo antivarón en
el lenguaje cuando el tópico desprecia los genitales masculinos?
Y ¿cuánto tiempo tardarían en criticar estas mismas
sentencias, si la valoración negativa fuese hacia los genitales
femeninos?
Muchas feministas argumentan que Dios no debería ser solamente
contemplado como masculino. Algunas han llegado a referirse a Dios como
“ella”. Pero yo nunca he oído a una feminista referirse
al demonio como “ella”. ¿Por qué? ¿Están
predispuestas hacía un unilateral chauvinismo femenino y antivarón?
¿Solamente desean que las cosas buenas de la vida sean femeninas?
Los temas
Cualquiera en el mundo occidental es consciente actualmente de la línea
típica feminista sobre el “lenguaje sexista”. En
los nombres de los empleos particularmente. Un ejemplo de la aceptación
por parte de los gobiernos de la línea feminista sobre el lenguaje
sexista es el librito “Vigile su lenguaje”2
Este folleto sugiere por ejemplo, sustituir las palabras de la izquierda
por las palabras de la derecha:
Mal * |
Bien |
| Draftsman: Delineante. |
Draftsperson: Persona que delinea |
| Stockman: Ganadero |
Rancher: Ranchero/a |
| Milkman: Lechero |
Milkvendor: Vendedor/a de leche |
| Repairman: Reparador |
Repairer: Reparador/a |
| Slaughterman: Matarife |
Slaughterperson: Persona que sacrifica (ganado) |
| Fireman: Bombero |
Firefighter: Luchador/a contra el fuego |
* Nota del traductor: Los términos de la izquierda, al aparecer
terminados por la voz man (voz inglesa para hombre) incluyen etimológicamente
una referencia directa al sexo masculino, unida a la definición
de estas labores. Al traducir al castellano el efecto original se pierde,
pero en sentido literal drafstman vendría a ser en castellano
hombre que hace bocetos, stockman, hombre- ganado, milkman, hombre-leche,
etc… En los términos de la columna de la derecha, al sustituir
la terminación man por person ó el sufijo-er, la definición
de la profesión pierde su orientación hacia el sexo masculino,
adquiriendo de este modo un significado más neutro en inglés.
De aquí en adelante se citará, en los casos que convenga:
1º el término original tal como lo presenta el autor en
este capítulo, 2º la traducción más literal
y directa al castellano posible, favoreciendo que el lector comprenda
la base de la polémica y 3º la o las traducciones más
habituales en castellano, que quizás no incluyan sesgo de género,
a diferencia de lo que sucede en el idioma original.
La principal razón argüida, para este forzado cambio de
vocabulario es que, usando un término ocupacional con pronombres
masculinos se discrimina contra la mujer por la implicación de
que se trata de algo que sólo corresponde a los hombres. Al parecer
esto desanima a las mujeres a la hora de vincularse con esos empleos
y hace menos probable que nadie las contrate para dichas ocupaciones.
Además el folleto de la Comisión de Servicios Estatal
cita una investigación indicando que la gente se interesa más
por los anuncios de empleo si el nombre del trabajo es de género
neutro, más que significando solamente masculino o femenino.
Este es un argumento justo.
Pero muchas de las ocupaciones aludidas no resultan atractivas para
la mayor parte de las mujeres, por eso los cambios nominales frecuentemente
parecen una pérdida de tiempo, esfuerzo y dinero. No se da el
caso de que todos los empleos mayoritariamente masculinos, estén
mejor pagados y sean más atractivos que las ocupaciones mayoritariamente
femeninas. Gran parte de ellos son sucios, peligrosos y están
escasamente retribuidos. Muchos más hombres que mujeres mueren
en accidentes relacionados con los trabajos. Este es, intrínsecamente,
un derecho propio de los hombres.
Los patrones dobles
La campaña feminista para eliminar los patrones sexistas dobles
en el lenguaje no se refiere únicamente a términos laborales.
Términos como: Chairman (hombre que preside, presidente, portavoz)
(el cual frecuentemente no se refiere a ocupaciones actuales) e incluso
términos como “chick” (“pollita, nena”)
(referido a una mujer), encolerizan a las feministas.
Todo muy bien, pero de nuevo cuando llegamos a los estereotipos de
hombres, parecen contentas de dejarlos pasar, por lo cual, me he visto
forzado a instigar mi propia campaña para eliminar patrones lingüísticos
dobles, principalmente en los medios de comunicación. He escrito
a corporaciones de radio y teledifusión, impartido charlas y
conferencias lingüísticas, diseminado artículos por
Internet y escrito artículos de periódico oponiéndome
al lenguaje sexista- a todo el lenguaje sexista.
Algunas cadenas televisivas evitan palabras que el feminismo rechaza
(por ejemplo, “actress”, (actriz) pero siguen utilizando
palabras sexistas como “gunman” (hombre armado, pistolero)
, en lugar de alternativas de género neutrales tales como “gunperson”
(persona armada) , gunner (pistolero, armado)*, o shooter** (disparador)
Mientras que un término denigre sólo a los hombres, parecen
perfectamente felices usándolo. La palabra “gunman”
(hombre armado, pistolero) denigra a todos loshombres porque conlleva
que sólo los hombres van por ahí matando gente con armas.
Esto es similar a lapalabra “chairman” (hombre que preside,
presidente) de la cual dicen las feministas que discrimina a las mujeres,
porque implica que sólo los hombres presiden las reuniones.
* N.del T: sin sufijo alusivo a ninguno de los dos sexos.
** N. del T: también sin sufijo identificativo de sexo.
¿Porqué las feministas insisten en palabras de género
neutrales para algunas cosas pero no para otras? Porque desean que se
piense en las mujeres como potenciales presidentes etc., pero se sienten
bastante felices mientras sólo los hombres sean tomados como
potenciales pistoleros, ya que esta palabra tiene connotaciones negativas.
Las feministas frecuentemente afirman querer la igualdad entre hombres
y mujeres, pero temas como el lenguaje sexista hacen obvio que esto
es mentira. Las feministas no son más que un grupo de presión
de mujeres y deberían ser tratadas en correspondencia.
He aquí un pasaje del libro feminista “Mundo de hombre,
conciencia de mujer” de Sheila Rowbotham (1973, Baltimore, Penguin
Books) que expresa nuestro caso bastante bien:
“El lenguaje de la teoría-lenguaje suprimido- sólo
expresa una realidad experimentada por los opresores. Este habla sólo
de su mundo, desde su punto de vista. Finalmente, un movimiento revolucionario
tiene que romper el control del grupo dominante sobre la teoría,
debe estructurar sus propias conexiones. El lenguaje es parte del poder
político e ideológico de los dirigentes. (pág.
32-33)”
Estoy de acuerdo con gran parte de este pasaje. El problema actualmente
estriba en que el lenguaje de género político es abrumadoramente
el lenguaje de las feministas. Expresa principalmente la realidad que
las feministas sienten que ellas experimentan. Habla sólo de
su mundo y desde su punto de vista. Ellas, con sus departamentos de
estudios sobre la mujer, sus medios de comunicación dominados
por el feminismo, y sus ministerios de asuntos de las mujeres se han
convertido en las opresoras de política de género en las
modernas sociedades occidentales.
Pocas sociedades han sido tan totalitarias como para que los dirigentes
del estado (quienes han sido, y todavía lo son, mayoritariamente
varones) llegasen incluso a controlar las subculturas controlando la
teoría abstracta.
La sociedad ha estado normalmente lo suficientemente descentralizada
como para permitir al menos algún (normalmente gigantesco) grado
de autonomía a los artistas, universidades, etc., que controlan
el lenguaje teórico. Esto no quiere decir que la anarquía
o la auténtica libertad del discurso hayan sido muy frecuentes,
pero lo que ciertos políticos gustan en llamar “las clases
parlanchinas” han tenido siempre la capacidad de diseminar sus
propias ideas de autodesarrollo.
Esto ha disgustado frecuentemente a los dirigentes, por supuesto. De
aquí, los infames incidentes de las quemas de libros totalitarias,
y las persecuciones de intelectuales. Sócrates (una víctima
de la represión), los asesinatos masivos perpetrados por los
comunistas camboyanos, Pol Pot, y el emperador chino Qin Shih Huang
vienen a la mente a modo de ejemplos. Estos sucesos se hicieron famosos
por los intelectuales que escribieron los libros de historia, pero incidentes
de este estilo son comparativamente extraños en el contexto del
conjunto de la historia y los intelectuales siempre acaban retornando
al asiento del conductor. El Macartismo en América, por ejemplo,
fue estupendamente infructuoso y Hollywood es hoy por hoy una suprema
e internacional fuerza motriz de la propaganda de la izquierda liberal.
Ahora, en el preciso instante en que el modelo occidental liberal,
económico e intelectual está extendiéndose a países
que fueron antiguamente dictaduras, en nuestras mismas culturas occidentales
hemos rendido la libertad intelectual a las guardianas feministas de
lo políticamente correcto. Así pues deben ser las opresoras
a las que Rowbotham se refiere como las dirigentes de la teoría
académica. Y cada vez más son feministas. Por estos motivos
el movimiento de los hombres debe romper el control feminista sobre
la teoría de género: Nosotros debemos estructurar nuestras
propias conexiones. El lenguaje feminista, con sus enquistadas suposiciones
es parte del poder político e ideológico de nuestros dirigentes-
inicialmente los dirigentes de la teoría política en un
entorno académico y ahora, cada vez más, nuestros dirigentes
políticos.
Y también existe el lenguaje sexista en los anuncios: ellas
parecen indiferentes, incluso alegres, cuando alguien llama a un hombre
“hunk” (trozo de algo, pedazo grande, bloque, tipo). Los
anunciantes están tan atemorizados por los grupos de presión
feministas que la televisión está llena de referencias
a los “hunks”. ¿Pero con que frecuencia escuchamos
palabras insultantes para las mujeres, del estilo de “birds”
(pájaros, chicas guapas) ó “chicks” (pollita,
chica) en la televisión? .Este es un ejemplo del doble patrón
sobre lenguaje sexista del sistema. Es algo más que un desliz
o una inconsistencia accidental. Claramente, algunas feministas piensan
que es “tiempo de venganza” – es apropiado hacérselo
a los hombres porque los hombres solían hacérselo a las
mujeres. Incluso si los hombres se lo hicieron a las mujeres (y las
feministas exageran la extensión de lo sucedido) el recurrir
a tácticas de revancha vuelve falsa la afirmación feminista
de que ellas apoyan la igualdad y esto mina la justicia de su causa.
En Nueva Zelanda por ejemplo, las feministas tienen una gran influencia
sobre la autoridad de las normativas de radio y teledifusión.
El código práctico de emisiones radio televisivas en Nueva
Zelanda prohíbe el retrato de la gente de un modo tal que incite
la denigración de, o la discriminación contra, secciones
de la comunidad a cuenta del sexo. En base a la esencia de este código
escribí a las cadenas de televisión de allí para
quejarme por la utilización sexista de la palabra “gunman”
(hombre armado, pistolero) en uno de sus nuevos programas, y sugiriendo
que utilizasen el término “gunperson” (persona armada)
en su lugar. Ambas emisoras (TV3 Y TVNZ) rechazaron mi demanda. TVNZ
dijo que la palabra gunman (hombre armado, pistolero) era simplemente
factual y descriptiva. La persona que llevó a cabo el tiroteo
lo hizo con una pistola y era un hombre. Dijeron que evitaban palabras
como actress (actriz), waitress (camarera), hostess (azafata), debido
a que el género de las personas era irrelevante para la ocupación.
En ningún momento intentaron explicar porque era significativo
que un pistolero fuese varón, antes que mujer.
¿No sería también “factual” describir
a Audrey Hepbrun, por ejemplo, como una “actriz”? Pero la
política de la TVNZ les exige referirse a ella como un “actor”
incluso a pesar de que es menos objetivo y descriptivo que “actriz”
lo cual aclararía que Audrey Hepbrun fue una miembro feménina
de la profesión de actuar. La TVNZ censura deliberadamente el
hecho de que fue una mujer a pesar de que una parte importante del atractivo
de la mayoría de los actores y actrices sea su sex appeal. Verdaderamente,
encuentro ofensivo oír hablar de hermosas “actrices”
a las que se refieren como “actores”, el cual es un término
propiamente referido a varones.
TV3 dio un argumento bastante confuso para rechazar mi reclamación.
Básicamente dijeron que muy pocos varones nueva zelandeses se
sentirían denigrados por el uso de la palabra “gunman”
(hombre armado, pistolero) y que se trataba de un argumento puramente
“académico”. Pero la discusión misma sobre
el lenguaje sexista se originó como un argumento académico.
Más aun, la palabra “gunman” (hombre armado, pistolero)
denigra a todos los hombres porque implica que únicamente los
hombres van por ahí asesinando a la gente con pistolas. ¿De
que manera difiere esto de palabras como “chairman” (hombre
que preside, presidente, portavoz)? La diferencia, como ya señalaba
más arriba, es que las feministas desean que pensemos sobre las
mujeres sólo en términos positivos, mientras que los términos
que refuerzan su representación negativa de los hombres no les
resultan ofensivos. El asunto está en que la norma contra la
representación del rol de género en el lenguaje es aplicada
sólo cuando le conviene al feminismo, y esto es un doble patrón
sexista.
Despedido de este modo, dirigí mis demandas a la autoridad de
las normativas de radio y teledifusión. El modo de hacerlo ofrece
la posibilidad de exponer tu caso personalmente, la cual yo elegí.
Sin explicaciones, la autoridad negó mi solicitud. Además
ellos rechazaron mi opinión por irrelevante e influidos por la
TVNZ utilizaron sus poderes bajo el acta de los medios de radio y teledifusión
para invalidar mi demanda alegando que era trivial.
Desde su inicio en el comienzo de 1990 hasta el comienzo de Mayo de
1993, la autoridad de las normativas de radio y teledifusión
se ha ocupado de 256 decisiones formales. En cada caso la decisión
ha sido firmada por Iain Galloway, Chairperson (persona que preside,
presidente, portavoz). Esto indica que la autoridad no considera el
asunto del lenguaje sexista irrelevante, sino Mr. Galloway habría
firmado como Chairman (hombre que preside, presidente, portavoz). Su
consistencia en la utilización de los términos políticamente
correctos demuestra que la autoridad se toma muy en serio el lenguaje
políticamente correcto-a no ser que este sólo discrimine
a los hombres. A pesar de la hipocresía de la autoridad de las
normativas de radio y teledifusión, me alegré de ver en
la página 13 del 17 de Enero de 1998 de la edición del
Listener un artículo titulado “PC viene, PC va” afirmando:
“¿Están empezando a desmoronarse los muros de lo
políticamente correcto incluso en ese bastión del PC,
Wellington? Un pequeño pero significativo cambio se puso de manifiesto
en los recientes premios del teatro Chapman Tripp en el capitolio. Durante
los primeros cuatro años de los premios, los principales premios
individuales fueron otorgados al principal actor masculino y la primera
actor femenina– de acuerdo con la teatral opinión oficial
de que actriz es un término sexista. Se acabo. Cuando la estrella
de “cama de hierbas” Michele Amas se acercó para
recibir su galardón, éste era para la mejor actriz.”
Algunas veces la razón prevalece.
La captura lingüística
Mi punto de inicio aquí es un artículo de 1989 de Janet
Holmes, una conocida socio lingüista y feminista. El artículo
se titula la captura lingüística: rompiendo la trampa del
lenguaje, abordaba el presunto efecto sobre el pensamiento de la gente
de la terminología económica de la nueva derecha por una
parte y el denominado lenguaje sexista por la otra. El título
sugería que Holmes y sus lectores iban a inclinarse hacia un
extremo del espectro político y los “sexistas” junto
con la nueva derecha hacia el otro. Pero no hay escasez de feministas
del ala derecha. El feminismo se ha asociado con el ala izquierda porque
la izquierda tiende a encontrar categorías de personas oprimidas
por todas partes- no por la lógica de las respectivas ideologías.
Ciertamente el masculinismo/ el movimiento de los hombres, tal como
yo lo veo, puede apelar a cualquier parte del espectro político.
En realidad este parece ser el caso: Richard Doyle (Asociación
de los derechos de los hombres/ Asociación de la defensa de los
hombres) es conservador, Rod Van Mechelen ( ¡el contragolpe!)
es un libertario igualitario moderado, y John Knight ( el manifiesto
de los padres) es del ala derecha- pero Warren Farrel (las mujeres no
pueden oír lo que los hombres no dicen) Ferrel Christensen (MERGE
Movement for the Establishment of Real Gender Equality -Movimiento para
el establecimiento de la verdadera igualdad de géneros) y David
Ault (Derechos de los hombres Inc.) son liberales. Si la cultura popular
reconoce las formas en que los hombres son oprimidos, yo espero encarecidamente
que esos izquierdistas que se oponen a todas las opresiones se reúnan
para apoyarnos.
Janet Holmes no define el término captura lingüística
en su artículo, pero está claro a lo que se refiere con
ello. Como las computadoras procesando los datos todas las criaturas
vivientes procesan sus ambientes. Dicho de otra manera, interpretan
e imponen un patrón sobre lo que perciben alrededor. En mi opinión
es otro, aunque sofisticado, ejemplo de este tipo de acto creativo que
todas las formas de vida realizan constantemente.
De este modo, los artistas capturan sus ambientes en sus representaciones.
Nuestros ojos y cerebros “atrapan” una parte del ambiente
cuando interpretan un dibujo (en el famoso ejemplo de las ilusiones
ópticas) tanto como 2 caras negras ó como un candelabro
blanco. Y cualquier teoría científica dada (incluidas
las lingüísticas) “captura” la realidad de un
modo distinto a como lo hacen otras teorías.
Sobre esta base estoy de acuerdo con mucho de lo que escribe Janet
Holmes, por ejemplo:
“La creencia de que el lenguaje influye en nuestras percepciones
del mundo, que afecta la manera en que vemos la realidad, y puede servir
para mantener y reforzar las desigualdades y desequilibrios existentes
(pág.18)”
Y
“Existen vías de escape. Disponemos de las etiquetas alternativas.
No existe sólo un único modo de describir el mundo, y
no estamos obligados a aceptar el punto de vista de nadie sobre lo que
está sucediendo. En realidad, puede argumentarse razonablemente
que cambiar el lenguaje es una estrategia viable para alterar las actitudes
y percepciones que tiene la gente del mundo”
Además:
“Los cambios que hacemos, tales como la deliberada utilización
de la terminología no sexista, son importantes elecciones que
reflejan un deseo por desafiar el status quo político”.
Y finalmente.
“Necesitamos vigilar constantemente que no permitimos que las
relaciones de poder injustas sean reproducidas, por una inconsciente
aceptación de una representación particular de la realidad.
Necesitamos no ser controlados y oprimidos por los patrones de nuestro
lenguaje. Siempre tenemos una elección. Lo que importa es que
la ejerzamos”
Naturalmente, yo aplico los principios y las ideas citadas en una imagen
en cierta forma especular a la de las feministas. Así yo contemplo
el término sexista (no por sí mismo, sino por el modo
en que tiende a ser utilizado para aplicarlo a cualquier cosa que las
feministas desaprueben) como algo que sirve “para mantener y reforzar
las desigualdades y desequilibrios existentes.”
Tomemos un ejemplo de los medios de comunicación, los cuales
parecen estar bastante dominados por el control totalitario de las feminazis
(feministas totalitarias). A comienzos de 1990, sucedió un caso
bastante bien divulgado de un hombre en Cánada que asesinó
al azar a estudiantes femeninas de ingeniería, porque (de acuerdo
con los medios de las noticias) el era antifeminista. A pesar de que
posteriormente se suicidó, mi propósito es enfáticamente
no aclamarlo como el primer mártir conocido de la resistencia
antifeminazi, ni nada similar.
Sin embargo, también escuché otra versión de esta
noticia, en un informativo posterior que, con poca sinceridad, lo describía
como un sexista. Ni entonces, ni en ningún otro momento informaron
sobre nada que llevase a uno a concluir racionalmente que realmente
fuese sexista como opuesto a antifeminista. Los medios sencillamente
utilizaron los 2 términos como sinónimos, pero nunca explicaron
porque era antifeminista o cuál era su ideología.
Las desigualdades y desequilibrios de la sociedad neozelandesa específicamente,
y de la sociedad occidental en general, en las cuales las mujeres son
denominadas una “minoría oprimida” (cuando son de
hecho una mayoría privilegiada) son mantenidas y reforzadas por
el uso dominante del término “sexista” que suprime
la expresión de opiniones anti-feminazis (La captura lingüística
en acción).
Existe una gran subjetividad involucrada en la decisión de cuando
y donde la referencia al sexo y/o al género es apropiada o inapropiada.
Por ejemplo, Vetterlin-Braggin (El lenguaje sexista: Un moderno análisis
filosófico, Totowa, Nueva Jersey: Rowman y Littlefield 1981)
hace algunas polémicas demandas sobre el término “sexista”
y precisamente asume que todo el mundo está de acuerdo con ella.
“La afirmación de que normalmente somos capaces de distinguir
las sentencias sexistas de las no sexistas no resulta poco razonable.
Por ejemplo para la serie de frases
1. “Las mujeres son pésimas conductoras”
2. “Ella es una pollita sexy”
3. “Algunas mujeres conducen mal”
4. “Ella es una mujer atractiva”
Es probable que la mayoría de nosotros seleccionaría
1) y 2) como “sexista” y 3) y 4) como “no sexista”.
Probablemente también consideraríamos como sexista las
declaraciones realizadas en virtud de la utilización (es decir,
escribiendo, mecanografiando, diciendo, etc.) de las frases 1) y 2),
pero aquellas realizadas en virtud del uso de las sentencias 3) y 4)
serían “no sexistas” (pág.1)”
Absurdo. El ministro de transporte y los estudios de las compañías
de seguros concluyen rutinariamente que los hombres jóvenes están
más a menudo involucrados en los accidentes de coche de lo que
lo están otros grupos de edad/sexo de la población. ¿Hay
alguien que argumente que esta conclusión es sexista? Dudo de
que las feministas considerasen “sexista” decir que los
hombres jóvenes son pésimos conductores. De hecho, una
compañía de seguros de Nueva Zelanda (Sun Direct) emitió
anuncios de televisión ¡ofreciendo primas de seguros más
bajas a las mujeres conductoras basándose en que ellas son mejores
conductoras que los hombres! Estos anuncios fueron atenuados después
de las protestas de los hombres, incluyéndome a mi mismo, ¡Pero
la discriminación antivaron se convierte en un asunto serio cuando
te roba la cartera! ¡Estoy convencido de que esas tasas de primas
diferentes habrían sido ilegalizadas de haber favorecido a los
hombres!
De la misma manera, pienso que cualquiera tiene derecho a opinar que
las mujeres son pésimas conductoras si eso es lo que su experiencia
le lleva a creer, y nosotros no deberíamos acusarlo de sexismo.
Parece bastante probable que las mujeres, en general, tienden a realizar
diferentes tipos de errores al conducir, (probablemente menos peligrosos
de los que cometen los hombres jóvenes), y por eso algunos hombres
podrían tener una visión negativa de las mujeres que conducen,
ya que los errores que cometen son de otro estilo, y por eso más
notorios que aquellos que estos hombres suelen realizar. Es también
posible que las mujeres cometan más fallos (por ejemplo, conducir
a velocidades excesivamente bajas, calar el motor, ó señalizar
inadecuadamente, que no se reflejan en las estadísticas de tráfico,
porque ocasionan que los otros conductores tengan los accidentes)
Más aún, la sentencia tercera,-“Algunas mujeres
conducen mal”- no es un auténtico equivalente de “Las
mujeres son pésimas conductoras”, ya que carece tanto de
la implicación de que todas las mujeres conduzcan mal como de
las connotaciones emotivas de la palabra “pésimas”.
Las personas de ambos sexos están autorizadas para sentir y expresar
emociones opinando sobre la gente que conduce mal, porque la mala conducción
puede ser peligrosa y derivar en frustración e ira en la carretera.
De igual modo para categorizar la segunda sentencia –“Ella
es una pollita sexy” – como sexista se ignoran los obvios
factores de estilo y contexto. Para un hombre que se sienta sexualmente
atraído hacía una mujer concreta, puede muy bien ser que
no exista otro modo apropiado estilística y emocionalmente para
expresar sus sentimientos hacía ella a sus allegados. Es simplemente
absurdo, asumir como lo hace Vetterling-Braggin, que este varón
hipotético podría también haber utilizado la afirmación
cuarta -“Ella es una mujer atractiva”.
Una mujer heterosexual podría haber dicho esto sobre otra mujer,
pero muchos hombres heterosexuales deberían ejecutar una autorestricción
y reserva para expresarse a si mismos, en estos neutrales, cuasi-objetivos
términos. La actitud implícita en la propuesta de Vetterlin-Braggin
conlleva que los hombres deberían tener y expresar hacía
las mujeres sólo las actitudes que las propias mujeres tienen
hacía otras mujeres. ¡Esto es completamente inaceptable,
poco realista y sexista!
Muchas distorsiones sobre el término “sexismo” con
muy poco respeto para su significado preciso. Incluso los diccionarios
están sujetos al error (incluido el feminista) humano. Por ejemplo,
la edición de 1974 del diccionario Merrian-Webster define el
sexismo como si únicamente las mujeres pudieran ser víctimas
de él:
Sexismo…: perjuicio o discriminación contra las mujeres.
Es un indicativo de cómo ha madurado la sociedad desde entonces
el que el diccionario Merrian-Webster en la website sobre la británica
(www.britannica.com) de 1999 defina “sexismo” (término
que fue acuñado en 1968, casualmente) como sigue:
1: Prejuicio o discriminación basada en el sexo; especialmente:
discriminación contra las mujeres.
2: Comportamientos, condiciones o actitudes que fomentan estereotipos
ó roles sociales basados en el sexo.
Sin embargo, lo de arriba es todavía una definición sexista
(en ambos sentidos 1 y 2) de sexismo por el status especial dado a las
mujeres en él. Podría decirse, que la definición
de 1974 es todavía más sexista (en los dos sentidos de
la definición de 1999). Es interesante remarcar que sería
imposible para un hombre reclamar nada de lo que experimentase como
discriminatorio bajo la definición de 1974, ¡lo cual es
una elocuente demostración del poder de las palabras!
En la práctica la palabra “sexista” ha sido tergiversada
de tal manera que algunas veces parece significar justo “cualquier
cosa que no agrada a las feministas”. Por ejemplo, cuando la unión
de estudiantes en la universidad de Tasmania, Australia, voto en 1999
para crear la posición del “delegado de los hombres”,
¡un periódico informó que este movimiento era sexista!
(www.news.com.au/news_content/state_content/4375467.htm)
A título personal, yo tendría que decir que precisamente
tener una delegada para la mujer sin una posición equivalente
para los hombres habría sido el colmo del sexismo, (conforme
a la sección 1 de la definición de más arriba del
Merriam-Webster de 1999), y la tentativa de establecer un equivalente
masculino en la universidad de Tasmania ¡simplemente eliminaba
el sexismo previo! La idea de que las mujeres están oprimidas
y los hombres no es un estereotipo sexista, por eso tener delegados
especiales, ministerios y departamentos sólo para mujeres y asuntos
de mujeres constituye sexismo de acuerdo con la sección 2 de
la definición anterior de 1999.
El 14 de Agosto de 1991, un periódico suburbano, el Wainuiomata
Advertiser, se vio obligado por una carta de mi abogado a publicar una
disculpa hacía mi persona. Yo había escrito una carta
quejándome de que el Parlamento había mantenido un debate
sobre “las mujeres y las familias”, cuando nunca habrían
mantenido uno sobre “los hombres y las familias”.El periódico
imprimió 2 réplicas a mi carta, encabezándolas
con las palabras, “respuesta a una carta sexista” y “otra
respuesta a sexista” respectivamente. Ya que no había contenido
sexista en mi carta el periódico se vio obligado a disculparse
por llamarla “sexista”, cuando lo que ellos realmente querían
decir era “anti-feminista”.
Para reiterar el punto de Janet Holmes:
“Existen vías de escape. Disponemos de las etiquetas alternativas.
No existe sólo un único modo de describir el mundo, y
no estamos obligados a aceptar el punto de vista de nadie sobre lo que
está sucediendo. En realidad puede argumentarse razonablemente
que cambiar el lenguaje es una estrategia viable para alterar las actitudes
y percepciones que tiene la gente del mundo.”
A este juego pueden jugar dos. Utilizando términos como “Feminazis”
y “Masculinista”, los hombres pueden afirmarse a si mismos
y adquirir algunos derechos incluso en los países occidentales.
El problema es que el feminismo (en su aspecto político, más
que en el teórico) es esencialmente una forma de queja organizada.
Por tanto, sitúa a las mujeres en un tradicional, acostumbrado
rol (la esposa gruñona). Los hombres no tenemos un equivalente
histórico apropiado-es “impropio de hombres” para
los varones atacar mujeres (incluso a las feminazis). Tampoco es socialmente
aceptable para un hombre realizar el equivalente político de
admitir que el no lleva los pantalones en su propia casa-es decir, reconocer
que las mujeres son más poderosas que los hombres en los países
occidentales.
Yo escuché algo sobre un hombre que había puesto mensajes
por toda su casa que decían cosas como “Yo soy el rey aquí,
y tengo el permiso de mi esposa para decirlo”. En el capítulo
sobre la falacia del frente masculino, sostengo que esto es una metáfora
del sistema político en los países occidentales actualmente.
A pesar de todo la agenda feminista es ampliable. A no ser que los
hombres adoptemos tácticas similares a las de las feminazis,
no existe prácticamente límite a todo lo que las feminazis
pueden llegar a socavar la situación de los hombres en los países
occidentales. Así que necesitamos más varones que sean
lo “suficientemente hombres” como para aguantar la cháchara,
el gruñido, y la mordacidad, de (nos atrevemos a decirlo) las
brujas que arremeten contra cualquiera que tiene el coraje de levantarse
y defender los simples derechos humanos de los hombres. Las feministas
se están volviendo tan imprudentes que están rebajándose
a definir como “hombres auténticos” sólo a
aquellos chicos guapos y perritos falderos que prosperan bajo nuestro,
cada día más, sistema matriarcal. Hacen falta agallas
para luchar por tus derechos contra sus tácticas de golpes bajos.
Volviendo una vez más a la tercera cita del artículo
de Holmes:
“Los cambios que hacemos, tales como la deliberada utilización
de la terminología no sexista, son importantes elecciones que
reflejan un deseo por desafiar el status quo político.”
El status quo en el mundo occidental generalmente se ajusta a las prioridades
feministas. Esto puede evidenciarse comparando las condiciones actuales
con las condiciones de hace tan sólo unas décadas referidas
al aborto, los salarios igualados, la legislación sobre violaciones,
la legislación del divorcio, actitudes hacía el acoso
sexual, la legislación sobre violencia doméstica, etc…
Sin mencionar que la mayor parte de los votantes son de sexo femenino.
Ciertamente, los representantes que escogen son en su mayoría
hombres, pero estos delegados mayoritariamente varones todavía
representan una circunscripción mayoritariamente femenina con
una agenda principalmente femenina.
Las activistas y académicas feministas han atrapado nuestro
sentido lingüístico de la realidad y lo están haciendo
rehén, de una agenda misándrica. Por lo tanto volviendo
a citar a Holmes.
“Necesitamos vigilar constantemente que no permitimos que las
relaciones de poder injustas sean reproducidas, por una inconsciente
aceptación de una representación particular de la realidad.
Necesitamos no ser controlados y oprimidos por los patrones de nuestro
lenguaje. Siempre tenemos una elección. Lo que importa es que
la ejerzamos”
El momento de ejercer nuestras elecciones es ahora. Como suele decirse,
“Aprovéchalo o piérdelo”
Poder y Lenguaje.
Elshtain (1982) tiene otro escrito feminista sobre las relaciones entre
el poder y el lenguaje. Ella cita, con una aparente aprobación,
el pasaje siguiente de Rowbotham (1973).
“La teoría del lenguaje-lenguaje suprimido- solamente
expresa una realidad experimentada por los opresores. Habla sólo
de su mundo, desde su punto de vista. Finalmente un movimiento revolucionario
debe romper el control del grupo dominante sobre la teoría, debe
estructurar sus propias conexiones. El lenguaje es parte del poder político
e ideológico de los dirigentes (pp32-33)”
En el contexto del feminismo, a pesar de todo, este argumento puede
ser colocado en su frente: Ya que el vasto volumen de la teoría
sobre políticas de género ha sido desarrollado por feministas,
podemos concluir a partir de la cita anterior que como la agenda de
las políticas sexuales está controlada por las feministas,
son ellas quienes están oprimiendo a los hombres, y es el punto
de vista de los hombres el que está siendo raramente escuchado
o incluso tolerado.
En otros capítulos desarrollo este tema con más detalle.
Aquí es suficiente remarcar la diferencia entre la situación
pre-feminista y el actual matriarcado en las sociedades occidentales:
Entonces (como todavía sucede en muchos países) los hombres
dirigían el mundo para el beneficio (como ellos lo consideraban
acertada o equivocadamente) de toda la población y existía
un equilibrio entre los derechos y responsabilidades de los roles del
varón y la mujer. Ahora, la suposición ideológica
de la opresión realizada por los hombres ha otorgado carta blanca
a las feministas para colorear cualquier faceta de la sociedad con una
activista, tendencia antivaron. Las feministas utilizan el lenguaje
como un instrumento más en esta cruzada antimasculina.
Julia Penélope (Hablando libremente: Desaprendiendo las mentiras
de las lenguas de los padres, Nueva York: Pergamon, 1990) reivindica
que ciertas palabras son insultos--solamente por el hecho de ser “palabras
femeninas”.Ella menciona los términos hijo de puta, hijo
de perra, bastardo, mariquita, y cunt (coño, cabrón).
Sin embargo, no explica porque términos como prick (pinchazo,
gilipollas, pene), y dick (polla) (referidos a los genitales masculinos)
son usados como insultos. Si palabras femeninas son intrínsecamente
insultantes, tal como ella dice, ¿como puede un término
altamente masculino como prick (pinchazo, gilipollas, pene) y dickhead
(gilipollas) ser insultante?
Sin embargo, la expresión hijo de puta se refiere a dos personas-de
las cuales sólo una es mujer, asimismo sucede con hijo de perra.
Además el término bastardo no es tanto una alusión
a la madre como al estado legal del niño. El término mariquita
tiene su homólogo en marimacho (el cual no es tan denigrante
como mariquita, a pesar de todo) y (como hemos visto) la palabra cunt
(coño, cabrón) tiene su homólogo en prick (pinchazo,
gilipollas, pene) y dick (polla) (o más a menudo dickhead (gilipollas)).
Los argumentos de Penélope, como muchos argumentos feministas,
no soportan un escrutinio. Han sido publicados y diseminados porque
los hombres honestos e inteligentes han estado demasiado ocupados o
asustados como para analizarlos.
Lenguaje sexista en el chino y el alemán.
El feminismo e Internet tienen una cosa en común: El lenguaje
que usan la mayor parte de las veces es el inglés. Esto podría
cambiar en el futuro. Me gustaría echar un vistazo al asunto
del “lenguaje sexista” en otras dos lenguas diferentes del
inglés-el chino y el alemán.
En chino, los términos ocupacionales son mayoritariamente construidos
añadiendo un sufijo neutral de género (tal como yuan,
ren, o jia) al final de una palabra que nominaliza la actividad o esfera
del trabajo. Por ejemplo (Estoy omitiendo las marcas de tono en mi traducción)
Actividad Ocupación
Show huo (vender bienes) shouhuoyuan (dependiente de tienda)
Gong (trabajador, industria) gongren (trabajador manual)
Zuo (hacer, componer) zuojia (autor)
Si quieres especificar el sexo de la persona referida, en chino, tienes
que añadir una palabra extra.
Aunque son lenguajes bastante relacionados, una diferencia entre el
alemán y el inglés es la terminación típica
alemana –in, la cual al final de algún sustantivo masculino
adecuado lo hace femenino. Por ejemplo:
Inglés |
German (masculino) |
German (femenino) |
| Rancher ranchero |
Viehzuechter (ranchero) |
Viehzuechterin (ranchera) |
etc.
Las feministas que hablan alemán tienden a adoptar una línea
opuesta de la de las feministas que hablan inglés. Mientras que
las feministas que hablan inglés ven los términos ocupacionales
acabados en –er u –or como del género neutro, las
feministas que hablan alemán tienden a ver los términos
acabados en –er como específicamente masculinos. Por eso,
las feministas que hablan alemán prefieren alguna versión
del feminismo –in finalizando estas palabras, para volver a las
mujeres “visibles” en estas ocupaciones.
Lo que tienen en común las feministas que hablan alemán
y las feministas que hablan inglés es que generalmente focalizan
sólo en lo que quieren las mujeres-lo que los hombres podrían
preferir es, en la mayor parte de los casos, descartado, sino denigrado.
Como resultado la más novedosa solución en alemán
ha sido el mecanismo artificial de introducir una “I” mayúscula
en el medio de estas palabras, p. Ej.:
| |
Singular |
Plural |
Masculino |
Viehzuechter |
Viehzuechter |
Femenino |
Viehzuechterin |
Viehzuechterinnen |
Feminista |
ViehzuechterIn |
ViehzuechterInnen |
Esta solución feminista junta las dos formas masculina y femenina
en la misma palabra. Esto parece una buena idea, teóricamente,
pero la realidad es que las versiones escritas terminan pareciendo mucho
más similares a las formas femeninas que a las masculinas. La
única diferencia es la “I” mayúscula, la cual
sustituye a una “i” minúscula. En el alemán
hablado, las nuevas formas son prácticamente idénticas
a las femeninas. Por lo tanto desde la perspectiva de la igualdad de
derechos esta solución es inaceptable, ya que no mejora demasiado
la situación.
Desde que inicialmente comencé escribiendo sobre este tema,
y difundiendo mis ideas en la Web, es posible que la situación
haya cambiado. He visto por lo menos una cita aprobando mis ideas y
las feministas alemanas que encontré parecen haber amainado con
la idea del –Innen. Parece que el asunto de cómo deberían
pronunciarse las palabras había sido pasado por alto, ya que
la gente estaba concentrada en lo diferentes que aparecían las
formas en el papel.
No se lo que las feministas que hablan en chino habrán estado
diciendo sobre su lenguaje, pero supongo, que habrá alguna de
ellas pululando por ahí y examinando los caracteres del chino
desde una perspectiva feminista. No obstante, precisamente para demostrar
que los masculinistas podemos también participar en este juego,
desearía analizar el carácter verdaderamente típico
que significa “bueno” (pronunciado “hao”). También
se utiliza en japonés.
Se piensa tradicionalmente que está compuesto por el símbolo
para la mujer a la izquierda, y el símbolo para el niño
a la derecha.
Un análisis imparcial del conjunto de los símbolos chinos
podría demostrar una predisposición global a favor de
la mujer o una parcialidad a favor del varón, o casi un equilibrio
entre los dos.
Aunque algunos expertos desaprueban este análisis de este símbolo
concreto, lo importante para mi es demostrar la clase de análisis
que podría aplicarse a miles de símbolos. Incluso si esta
no es la derivación históricamente correcta de este símbolo,
el hecho de que tradicionalmente se considere que sea su derivación
dice mucho acerca de las actitudes sexistas antipadre en las sociedades
chinas (igual que en otras).
Si la derivación tradicional de este símbolo fuera la
correcta, es más que claramente sexista y perjudica a los hombres
en las batallas por la custodia, ya que implica que el lugar natural
para un niño es con su madre. Una versión no sexista del
símbolo podría situar el símbolo del ser humano
a la izquierda, por ejemplo, en lugar del carácter para la mujer.
El trabajo de Hufeisen –en torno a- la insurrección lingüística.
En su artículo, "Warum das Deutsche keine Maennersprache
ist" (traducción: Porque el alemán no es un lenguaje
del hombre en www.ualberta.ca/~german/ejournal/maenner.htm), Britta
Hufeisen intenta utilizar argumentos lingüísticos para apoyar
las formas feministas en alemán. Su intención es apartar
el planteamiento de la arena política utilizando un enfoque de
tipo anarquista. Escribe:
“Linguistisch kommt es jedoch darauf an, wer sich angesprochen
fühlt: Wer sich bei der Bezeichnung 'Wissenschaftlicher Mitarbeiter'
oder 'Assistenzprofessor' als nicht gemeint empfindet, so ist der Sprechakt
nicht gelungen, auch wenn der Person von Seiten der Verwaltung versichert
wird, sie sei 'mitgemeint'. (Traducción: Lingüísticamente,
sin embargo, el asunto es quien se siente aludido: Si alguien no se
siente designado por la designación 'Wissenschaftlicher Mitarbeiter'
(colega científico) ó 'Assistenzprofessor' (Profesor auxiliar)
entonces el acto discursivo no ha prosperado, incluso si la persona
tiene la garantía de la administración de que también
están incluidos).”
Desafortunadamente para ella, no es tan sencillo como esto. Frecuentemente
son tres, más que dos, las partes incluidas en el acto discursivo:
El orador /escritor, el interlocutor, y el oyente / lector de la tercera
parte. Para que un acto comunicativo tenga éxito, las dos primeras
partes, como poco, deben ponerse de acuerdo sobre lo comunicado. El
interlocutor no tiene normalmente el derecho de comportarse como una
mujer haciéndose la indiferente, en efecto, diciendo, “Se
a lo que te refieres, pero voy a negarme a reconocer lo que dices”.
Esto sería, en la mayor parte de las ocasiones, considerado infantil
para un tercer observador respecto al acto comunicativo. El lenguaje
es un esfuerzo cooperativo y los actos comunicativos eficientes- como
la mayor parte del comportamiento social- dependen de la cooperación
entre las partes involucradas.
De ahí que la solución de Hufeisen no lo sea en lo más
mínimo, La sociedad espera que los usuarios del lenguaje cooperen;
si una mujer feminista conversando se niega a sentirse señalada
por un término concreto, esto es un acto de insurrección
lingüística por su parte. Ella podrá o no tener éxito
a la hora de convencer a la sociedad de su punto de vista. Pero es muy
egocéntrico y sexista de parte de Hufeisen o cualquiera simplemente
ignorar las intenciones del orador/ escritor como si fueran irrelevantes.
Esto me daría a mi la oportunidad de decir, por ejemplo, que
yo no me siento incluido en el término “LehrerInnen”
(aleman feminista para “profesores”) ¡y “negarme
a entender” cualquier frase que contenga esta palabra!
“Betrachten wir das Ganze also aus der semiotischen Perspektive,
so können wir feststellen, daß unser Problem kein sprachsystematisches
ist, denn die deutsche Sprache hat bis auf ganz wenige lexikalische
und syntaktische Lücken Bestände zur Bezeichnung für
Frauen. “ Traducción: Si miramos la totalidad del tema
desde una perspectiva semiótica, entonces, observamos que nuestro
problema no es la estructura lingüística, ya que el lenguaje
alemán posee los recursos con los que designar a las mujeres-aparte
de unas muy escasas lagunas léxicas y sintácticas)”
En este tema también estoy en desacuerdo con Hufeisen. Ya hemos
visto que las lingüistas feministas tienen todavía que proponer
un final para los nombres que sea de género-neutro tanto para
las formas escritas y habladas del alemán. No se si esto es posible;
no me importaría intentarlo por mi mismo, pero no soy un germano
parlante nativo por lo que cualquier solución ofrecida por mi
no sería políticamente aceptable, de todas formas.
Conclusión.
La mayor parte de las inconsistencias e hipocresías del feminismo,
en las cuales es experto, surgen de un equivocado sentido del victimismo.
Esto se basa en un análisis inmaduro, pueril y simple de la naturaleza
del poder político (ver el capítulo sobre la mentira del
frente masculino). Armadas con esta autojustificadora pero errónea
presunción, las feministas están tomando el control de
nuestro lenguaje así como de cualquier otra faceta de la sociedad.
Allí donde sus argumentos estén justificados, deben ser
aplicados consistentemente en cada caso, pero si sus argumentos son
falsos, los académicos deben tener libertad suficiente del chantaje
profesional como para poder refutarlos.